Padre de los bocaditos de azúcar y ron, mezcla altruista de mentira disoluble y cambiante, fácil roedor de los platos domingueros, Cachilo es una as de la falluta perfidia del amor de esquina, cambiante como semáforo, una vez sí, una no, pero nunca sabiendo cual es la posibilidad que va a tocarte en la próxima esquina, ¿la del amor? No no, esa queda calle abajo, donde los negritos juegan a la pelota y el canillita no llega a repartir los diarios, diario trabajo de una página en blanco, dicen que es un síndrome, yo no lo creería así, porque no puedo comer esas cosas, arrolladitos, tartas de interior goloso y retacón, carne fileteada y en filigranas, pero que no tenga sal!!! Sino, mama mía, el zapallito del medio día no me va a traer el diario donde leo las noticias fúnebres y la economía, como me divierte esa sección, a mi y a Cachilo, el no las entiende, pero se ríe sin parar. Sin parar y a trocha y mocha, la bebida no se enfría y yo tengo que ir al super, ahí venden buenas heladeras enfrianlotodo y seguro que voy a poder llenarla de sanguchitos, Padre? No, por supuesto que no, no doy nada por supuesto, eso es para el pobre Cachilo, el que ríe de la economía y el autito que tenía se lo magullo la piedra, viste, el granizo de los otros días, esos que no trae el canillita pero que son tapa del diario.
Dicen que hace tiempo nadie espera en la vereda del frente, claro que no, sino el colectivo interurbano dejo de repartir su recorrido, y eso que el canillita sigue vendiendo los sanguchitos de jamón y mermelada en la misma parada, con carteles de políticos con fotoshop y shopping de fotos, que no es lo mismo, aunque no lo creas, Cachilo sabe la diferencia pero nunca me la contó, ¿será por eso que se ríe sin parar cada vez que la luz de la calle alumbra esos ricos y nauseabundos requechos de chicos por las noches y con copas de más. Y bueno, yo también fui joven y escuchaba las mismas canciones que hablan del amor, la otra vez las volví a escuchar después de un show, y la verdad es que no las entendí porque había mucha gente hablándome y no entendí nada porque me convertí en un souvenir. Cahilo sonríe, se ríe de mi, me deja parado, mal parado y en la parada de colectivo, ahí viene el 115 y no va a parar, porque la otra vez no escuche bien las canciones de amor de los años pasados y me quedé sin tomar el colectivo, era obvio, una mujer me distrajo, me convirtió en souvenir y no me escribió ninguna canción.
Se fue con el estómago lleno, allí viajaban el jamón y las tartas saladas, esas que no me gustan si tiene huevo relleno arriba, “arriba” me dice el colectivero y pongo pie en el escalón que tiene arena (seguro viene de la playa, pensé), pero no, venia del jardín de la abuela, pobre, me dejo los sanguchitos arriba de la mesa y me los olvidé. Arriba le digo al chofer, arriba suyo esta el dinero del pasaje, mientras el huele a jardín y no a perfume caro, no es una buena postal, pero por lo menos tiene color, calor sentí cuando recordé a Amelia, la chica fuera de serie que se llevo el pan de azúcar para Bolivia y no lo trajo más, que lo iba a traer si no hay más parada de colectivos, ¿donde? En Paris Etulain y Rafael Reta, claro, sino se cruzan como puede haber colores olorientos y mal hablados. Che, el domingo hay elecciones, pero no se a quién votar, mejor dejar eso para los que saben, mi amor, aunque me sienta mejor y me desnude, no quiero, me voy a tomar un avión, hasta las canciones me lo dicen, pero yo la espero otro día mas, seguro se paso de largo y llegó a la otra cuadra, el porvenir esta cerca y crece torcido, es por el tolueno me dice Cachilo, “cashate” le replico, pero el no me escucha, esta leyendo los fúnebres y comiendo los sanguchitos de la abuela. Necesito un pulmón, pero Cachilo ya está leyendo economía, y ríe, ríe y ríe.